
Cuando pensamos en una estafa solemos imaginar una escena bastante sencilla: alguien contacta con otra persona, le cuenta una mentira y trata de conseguir su dinero. Sin embargo, algunas formas de fraude y explotación funcionan de una manera mucho más estructurada. Antes de intentar obtener fondos, puede existir una fase previa en la que alguien busca personas determinadas, observa su comportamiento, recopila información y decide si merece la pena continuar con ellas.
Esa persona puede no ser quien finalmente recibe el dinero, sino actuar como captador, intermediario, comercial o afiliado, recibiendo una comisión por conseguir que la víctima termine comprando, pagando, suscribiéndose o entrando en un determinado sistema. Esta diferencia es crucial porque permite entender una parte del fenómeno que suele quedar oculta: la persona que acaba monetizando a la víctima no tiene por qué ser quien la encontró.
La captación puede comenzar incluso sin que exista una intención aparente de engañar. Una conversación normal, una amistad a través de internet, una interacción repetida en redes sociales o alguien que muestra un interés repentino por nuestra vida pueden formar parte de un proceso mucho más largo. Mientras la otra persona cree que está conociendo a alguien, el captador simplemente está intentando averiguar a quién tiene delante.
La primera fase no consiste en pedir dinero
Un captador necesita información. Quiere saber cómo piensa la persona, qué problemas tiene, qué necesita, qué le preocupa, qué personas forman parte de su entorno, qué capacidad económica tiene y qué tipo de propuesta podría resultar atractiva para ella.
En determinados fraudes esta fase está perfectamente documentada. El Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) explica, por ejemplo, que el catfishing puede desarrollarse mediante la creación de una identidad falsa, un primer contacto, la construcción progresiva de una relación y una posterior manipulación emocional antes de solicitar dinero, favores o material íntimo. El propio organismo describe el proceso como algo sistemático y advierte de que la información que las personas comparten en internet puede utilizarse posteriormente para construir perfiles y facilitar el engaño.
Por su parte, la Policía Nacional también ha documentado públicamente estructuras profesionalizadas en las que las víctimas son primero atraídas mediante publicidad y, tras facilitar sus datos, pasan a una fase de contacto y persuasión desarrollada por otras personas dentro de la organización. En una operación contra una red de falsas inversiones, la propia Policía describió un «laborioso proceso de seducción y engaño» desarrollado directamente desde call centers.
No todas las estafas funcionan así ni todos los captadores pertenecen a organizaciones criminales estructuradas, pero el patrón fundamental es claro: la captación puede ser un trabajo previo y completamente diferenciado del fraude que finalmente se ejecuta.
No buscan necesariamente a la persona más fácil de engañar
Existe una confusión bastante extendida al hablar de víctimas vulnerables, tendiendo a pensar que un estafador busca únicamente a alguien ingenuo, incapaz de defenderse o fácil de manipular. La realidad puede ser bastante más pragmática. Para quien obtiene una comisión de una operación, una persona sin dinero puede ser un objetivo poco interesante, e incluso alguien con determinadas circunstancias personales pero sin capacidad económica tampoco resulta necesariamente rentable. Por eso, la vulnerabilidad y la capacidad económica suelen aparecer de forma simultánea en el perfil que interesa a determinados captadores.
En la investigación realizada para este artículo hemos encontrado patrones en los que se valoran características muy diferentes: personas con ingresos o recursos económicos, usuarios que muestran públicamente determinados problemas psicológicos, consumidores de sustancias que disponen de dinero para mantener ese consumo, personas con determinadas creencias religiosas o espirituales y otros perfiles que, dependiendo del sistema utilizado posteriormente, resultan atractivos para quien realiza la captación.
Esto no significa que todas las personas pertenecientes a esos grupos vayan a caer en una estafa, ni que exista un único perfil de víctima. Significa que, para determinados captadores, algunas características funcionan como criterios de selección antes de iniciar una relación más profunda.
La información que publicamos puede ahorrar semanas de trabajo al agresor
Aquí aparece uno de los aspectos menos evidentes del problema. Imaginemos que alguien busca personas con características psicológicas concretas. Si comienza una conversación desde cero, tendrá que invertir un tiempo considerable en descubrir qué problemas tiene la otra persona, qué le preocupa, qué relaciones mantiene, cómo responde emocionalmente y si dispone de capital. Ahora imaginemos que encuentra un perfil en el que la propia persona ha escrito públicamente que tiene un determinado diagnóstico y publica habitualmente sobre sus experiencias personales. El captador acaba de recibir de forma directa información que, en otras circunstancias, le habría llevado semanas averiguar.
Esto no implica que esa persona sea fácil de engañar. De hecho, una persona puede reunir todas las características que el captador busca y, aun así, ser completamente incapaz de ser manipulada. Puede desconfiar desde el primer momento, consultar con su familia, detectar contradicciones, no tener dinero disponible o rechazar la propuesta. En ese caso, el captador simplemente abandonará el contacto y buscará otro objetivo. La verdadera utilidad de la información está en la fase previa a la estafa: sirve para decidir con quién merece la pena intentar establecer una relación.
Cuando escribir «TLP» en una biografía cambia la cantidad de información disponible
El caso del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) permite observar especialmente bien este mecanismo. Las personas con TLP pueden experimentar, entre otros fenómenos, dificultades en las relaciones interpersonales, miedo al abandono, sentimientos de vacío, impulsividad y una elevada intensidad emocional. Estos elementos forman parte de la descripción clínica del trastorno y no constituyen por sí mismos una explicación de por qué una persona sería víctima de un fraude.
El problema desde el punto de vista de la seguridad digital aparece cuando se decide compartir públicamente esa información. Una biografía que contiene la sigla «TLP», un vídeo explicando episodios personales o publicaciones describiendo relaciones y experiencias emocionales pueden proporcionar a un desconocido una cantidad de información estratégica que normalmente requeriría mucho tiempo descubrir.
Durante una consulta realizada específicamente para esta investigación, INCIBE confirmó que la información personal y las características que una persona hace públicas pueden ser utilizadas por los estafadores dentro de sus procesos de aproximación y manipulación. Esta información se facilitó en el contexto de las consultas realizadas para este trabajo y no se presenta como una afirmación pública de INCIBE de que todas las personas con TLP constituyan un grupo de víctimas. La distinción es esencial: el diagnóstico no convierte a nadie en víctima, pero la información pública sobre el diagnóstico puede convertirse en un recurso muy útil para quien busca determinados perfiles.
El algoritmo como acelerador de búsqueda
Durante años hemos imaginado al estafador buscando manualmente perfiles en internet. Sin embargo, los sistemas de recomendación actuales pueden hacer que parte de ese trabajo resulte innecesario.
Las plataformas de vídeo y redes sociales personalizan sus recomendaciones utilizando señales sobre el comportamiento del usuario. YouTube explica que sus sistemas tienen en cuenta el historial de reproducciones, búsquedas, interacciones, suscripciones e intereses inferidos, además de comparar patrones con usuarios similares. TikTok describe un funcionamiento análogo: su sistema utiliza interacciones como vídeos vistos, cuentas seguidas, comentarios y contenido compartido para construir un feed personalizado.
Esto genera una dinámica peligrosa. Un captador puede comenzar consumiendo contenido de una comunidad concreta, seguir cuentas relacionadas e interactuar con ellas. A medida que el sistema aprende de ese comportamiento, empieza a mostrarle más contenido similar y nuevos perfiles afines. El algoritmo no busca víctimas ni conoce la intención de quien está detrás de la pantalla; simplemente intenta predecir qué contenido quiere consumir ese usuario. El problema aparece cuando una herramienta diseñada para recomendar contenido termina facilitando la concentración de perfiles que otra persona está buscando por motivos completamente diferentes. La combinación es especialmente eficaz: una persona publica cierta información y el algoritmo facilita al observador encontrar más perfiles en el mismo entorno.
La vulnerabilidad no siempre está donde creemos
Compartir un diagnóstico o hablar públicamente de una experiencia difícil no es un comportamiento irresponsable. Para muchas personas tiene efectos positivos: encuentran apoyo, reducen el aislamiento, descubren a otros en situaciones similares y contribuyen a reducir el estigma. El riesgo aparece al olvidar que una publicación pública tiene potencialmente muchos destinatarios.
Un contenido puede estar dirigido a pares con TLP, pero también puede ser observado por alguien que busca posibles objetivos. Puede servir para encontrar una comunidad de apoyo y, simultáneamente, proporcionar información a quien desee aprovecharse de ella. La misma lógica se aplica a otros datos: consumo de sustancias, problemas económicos, conflictos familiares, rupturas amorosas, soledad, precariedad laboral, creencias religiosas o cualquier circunstancia que permita conocer mejor a una persona. La cuestión no es ocultar nuestra vida, sino comprender qué información estamos entregando y quién puede utilizarla.
De una persona a una ficha de inteligencia
Cuando se reúnen suficientes datos, el captador puede construir una imagen muy precisa de una persona sin necesidad de acceder a ninguna cuenta privada:
- Una publicación puede revelar su lugar de trabajo.
- Otra puede mostrar cuánto dinero gasta habitualmente.
- Una tercera puede indicar una ruptura sentimental reciente.
- Otra publicación puede revelar un diagnóstico o estado de salud.
- Una fotografía puede exponer dónde vive y sus rutinas.
- Los comentarios pueden identificar fácilmente a sus amigos o familiares.
Ninguno de esos datos parece importante por separado, pero juntos responden preguntas clave para quien pretende manipular: ¿tiene dinero?, ¿está atravesando un mal momento?, ¿vive solo?, ¿quién podría advertirle?, ¿qué necesita o qué tipo de validación busca? Por este motivo, INCIBE recomienda limitar la información personal accesible a desconocidos y revisar la privacidad en redes sociales, evitando que esos datos sean recopilados para construir perfiles destinados al fraude.
Cuando el captador decide dar el paso
Una vez obtenido un primer perfil, comienza una fase diferente. El contacto inicial puede simular una amistad normal, con conversación frecuente, intereses compartidos, ayuda aparentemente desinteresada o admiración mutua, todo orientado a construir confianza y obtener información adicional. INCIBE describe en el catfishing una secuencia idéntica: primer contacto, construcción progresiva de la relación, manipulación emocional y posterior petición económica o de material íntimo.
En otros modelos no existe necesariamente un vínculo sentimental. Puede aparecer la figura de un mentor, un amigo que «conoce una oportunidad», un supuesto profesional, alguien que promete ayudar a cambiar de vida o que introduce a la víctima en una comunidad determinada. El mecanismo esencial es el mismo: la persona que está al otro lado necesita conocer suficientemente a la víctima para saber qué propuesta funcionará. Si durante esa fase descubre que no es un objetivo adecuado, simplemente se retirará.
Una víctima puede tener distintos destinos
No todos los captadores buscan lo mismo. Una persona puede ser dirigida hacia un fraude económico directo, otra hacia un esquema de catfishing, sextorsión, plataformas de apuestas, sistemas de suscripción o cursos y mentorías comercializados mediante afiliación. Incluso puede ocurrir que una misma estructura utilice diferentes destinos dependiendo de la información obtenida durante la conversación.
El captador no tiene por qué saber desde el primer momento qué hará con una persona concreta: evalúa primero y decide después. Esta posibilidad cobra especial relevancia cuando existen sistemas de remuneración por referidos. Si alguien recibe una comisión por cada cliente conseguido, el incentivo económico se traslada a la fase anterior a la venta: encontrar personas con mayor probabilidad de convertirse en clientes.
La existencia de una comisión no demuestra por sí misma que un producto sea fraudulento, pues los programas de afiliación son una herramienta comercial legítima. El problema aparece cuando la captación se convierte en la actividad incentivada y la persona deja de ser un cliente para convertirse en un objetivo.
El problema de los intermediarios y la infraestructura comercial
Esta diferencia permite entender por qué centrarse únicamente en la persona que vende públicamente un producto puede ser insuficiente. Imaginemos un sistema de mentorías en el que un creador ofrece un programa de afiliados y paga a terceros un porcentaje de las ventas que generen. El creador puede limitarse a proporcionar el producto, el enlace y las condiciones. Un tercero, sin embargo, puede decidir utilizar ese sistema de forma diferente: localizar personas concretas, establecer relaciones con ellas, estudiar sus circunstancias y conducirlas hacia la compra. En ese escenario coexisten tres actores: quien crea el producto, quien capta al cliente y quien obtiene finalmente el dinero.
En la investigación realizada para este artículo hemos analizado un caso relacionado con un conocido sistema de mentorías que contaba con un programa de comisiones para captadores. No presentamos este caso como prueba de que el producto o su creador utilicen deliberadamente a personas vulnerables, sino para ilustrar cómo un sistema comercial legítimo basado en comisiones puede ser instrumentalizado por terceros como infraestructura de captación, sin que el creador del producto participe directamente en esa selección. La responsabilidad concreta de cada participante debe determinarse atendiendo a sus propios actos y conocimientos; mezclar a todos los actores bajo la etiqueta genérica de «estafador» sería tan impreciso como ignorar la existencia de los intermediarios.
Cuando la comisión convierte a la persona captada en un activo
La lógica económica cambia cuando el captador recibe una cantidad fija por cada persona que introduce en un sistema. Ya no necesita preguntarse únicamente cuánto dinero puede extraer de forma directa, sino cuánto valor económico puede generar esa persona si la deriva hacia el sistema adecuado (ya sea una venta, una suscripción, una comisión de afiliación o una operación financiera).
En las consultas realizadas para esta investigación, profesionales especializados en ciberdelincuencia señalaron además que se han detectado modalidades en las que los datos obtenidos de una víctima se utilizan posteriormente para generar ingresos en otros sistemas de referidos, como servicios de apuestas o suscripciones. No presentamos esta información como una práctica universal, sino como uno de los mecanismos detectados. La consecuencia es clara: el fraude no tiene por qué terminar cuando se produce el primer pago, pues la persona puede seguir generando valor económico si sus datos alimentan otros sistemas de monetización.
Evidencias documentadas: casos reales de captación
Para esta investigación hemos contrastado testimonios de víctimas y familiares, además de documentación oficial de casos con circunstancias muy diversas:
- Caso 1 (Explotación económica, dependencia y victimización múltiple): Corresponde a una mujer a la que identificaremos como Víctima 1. Durante un periodo prolongado fue introducida progresivamente en un entorno de explotación económica vinculado a una figura de internet. La cantidad defraudada alcanzó decenas de miles de euros, llegando a recurrir a familiares y allegados para obtener más recursos. El caso ilustra además un fenómeno especialmente peligroso: la victimización encadenada por distintos actores. Mientras la víctima intentaba desesperadamente obtener fondos para responder a las exigencias del primer captador, fue abordada por una segunda red fraudulenta. Esta segunda trama aprovechó su estado de extrema vulnerabilidad para extorsionarla mediante la obtención de imágenes e información íntima, un doble acoso que derivó en consecuencias trágicas e irreversibles, incluyendo el fallecimiento de la víctima. Omitimos su identidad y cualquier dato localizable con el fin de proteger la privacidad y el duelo de sus familiares y allegados, utilizando este caso únicamente para ilustrar cómo el proceso de captación no solo despoja a la persona de sus recursos, sino que la expone a ser captada y explotada simultáneamente por otros depredadores digitales.
- Caso 2 (Redes de captación y explotación sexual): La Víctima 2 corresponde a una mujer captada por una red vinculada a la explotación sexual. Según la documentación, declaraciones de la víctima y testimonios revisados, el proceso derivó en prostitución forzada y violencia cuando intentó abandonar la actividad. La Policía Nacional ha documentado públicamente patrones idénticos donde mujeres eran captadas en redes sociales mediante el establecimiento gradual de vínculos de confianza. En una operación de 2024, la Policía informó de la liberación de seis víctimas captadas mediante este método.
Ambos casos muestran la existencia de una fase previa en la que la persona es localizada, seleccionada y progresivamente introducida en una relación de dependencia o explotación.
La adaptación del patrón a distintos perfiles de vulnerabilidad
En nuestra investigación hemos hallado también casos donde las víctimas presentaban discapacidades o circunstancias personales de extrema delicadeza. En uno de ellos, una persona adulta y su hijo (ambos con discapacidad) fueron objeto de explotación sexual a través de internet después de que los responsables comprobaran que la familia carecía de los recursos económicos que buscaban inicialmente. El caso concluyó utilizando la vulnerabilidad de ambos para obtener material sexual, para posteriormente, vender este material a través de plataformas de pago por visión.
La coexistencia de casos tan dispares demuestra que no existe una única víctima tipo ni un método de explotación exclusivo. Lo que se repite de forma sistemática es la búsqueda de una característica que el captador considera útil y la posterior adaptación de la estrategia a la persona encontrada.
La prevención empieza antes del primer engaño
La mayoría de las recomendaciones de seguridad empiezan demasiado tarde: no transferir dinero, verificar identidades o denunciar el fraude. Aunque esenciales, existe una fase anterior. Preguntarse por qué una persona concreta muestra un interés desproporcionado por nosotros es igual de útil. Si alguien que apenas conocemos parece saber demasiado sobre nuestra vida, conviene analizar de dónde ha sacado la información. Si muestra un interés inusual por nuestros problemas, salud, economía o relaciones, debemos detenernos.
Asimismo, es necesario desconfiar cuando alguien intenta acelerar artificialmente la relación, muestra una confianza desmedida en poco tiempo, busca convertirse en nuestra principal fuente de apoyo o intenta desacreditar a nuestro entorno cercano. INCIBE recomienda expresamente evitar las prisas, proteger la información personal, verificar identidades y conservar pruebas ante cualquier sospecha.
Protegerse sin renunciar al espacio público
La respuesta a este fenómeno no puede ser el aislamiento ni dejar de hablar de salud mental o experiencias personales en internet. Trasladar la responsabilidad a quien comparte información para buscar apoyo o reducir el estigma sería un error. La clave reside en comprender que una publicación pública cumple varias funciones simultáneas: puede servir para encontrar una comunidad y, al mismo tiempo, revelar información estratégica a desconocidos. Compartir información no es el problema en sí mismo; no ser conscientes de quién puede utilizarla y con qué fines, sí.
El algoritmo no es el estafador, pero condiciona el escenario
Es importante evitar simplificaciones: cuando una plataforma recomienda perfiles sobre un tema concreto, no está buscando víctimas para los delincuentes. Sus sistemas simplemente predicen qué contenido puede interesar al usuario basándose en su historial e interacciones, tal y como explican plataformas como YouTube o TikTok.
El riesgo real reside en el uso que un tercero hace de ese entorno. Un captador que busca perfiles específicos se encuentra con un ecosistema donde los contenidos ya han sido agrupados algorítmicamente, evitándole el trabajo de búsqueda desde cero. El algoritmo realiza su función técnica y el captador aprovecha el resultado para la suya.
La diferencia entre un vendedor y un captador
Una de las conclusiones principales de esta investigación es el error que supone buscar un único responsable visible. Que una persona aparezca en vídeos, venda mentorías o tenga miles de seguidores y un programa de afiliados no demuestra que conozca quién está captando clientes ni qué métodos utiliza cada afiliado.
El problema específico radica en que terceros convierten un sistema de comisiones en una herramienta de captación selectiva. La diferencia es sustancial:
- El vendedor intenta conseguir clientes para un producto.
- El captador busca primero personas para determinar posteriormente qué venderles o cómo explotarlas.
Esta segunda situación requiere mayor atención, ya que permite que una misma red de captación nutra diferentes modelos de explotación.
La invisibilidad del proceso de evaluación
La fase de selección resulta especialmente inquietante porque parece completamente normal para la víctima. Una conversación puede parecer una amistad sincera, alguien que pregunta por nuestra vida puede parecer empático y quien comparte nuestras vivencias puede parecer alguien que finalmente nos comprende.
El problema surge cuando, al analizar la interacción a posteriori, se descubre que durante esas conversaciones se estaba recopilando información para determinar nuestro capital, nuestras carencias emocionales, nuestros apoyos y qué propuesta resultaría eficaz. La frontera entre conocer a alguien y estudiar a alguien puede ser completamente invisible para quien está siendo estudiado.
Pautas de protección activa
Aunque no existe una fórmula infalible para detectar a todos los captadores, aplicar ciertas medidas reduce drásticamente la exposición:
- Auditoría de privacidad: Revisar periódicamente la información pública en redes sociales (biografías, publicaciones antiguas, comentarios, fotos, ubicaciones y rutinas).
- Gestión de tiempos en relaciones: Evitar que personas recién conocidas se conviertan rápidamente en el principal pilar emocional. Las relaciones legítimas requieren tiempo y las identidades pueden verificarse.
- Análisis de intereses: Ante un interés extraordinario por nuestros problemas personales o económicos, evaluar qué obtiene esa persona al saberlo.
- Evaluación de incentivos: Ante propuestas económicas, inversiones o mentorías, analizar quién cobra una comisión si aceptamos, cuánto cobra y por qué nos ha elegido a nosotros.
Conocer la cadena de incentivos no convierte una operación en estafa, pero revela información crucial que de otro modo pasaría desapercibida.
De persona a perfil: la consolidación del mercado de captación
Una estafa sofisticada no requiere un engaño espectacular de entrada; puede comenzar con una simple búsqueda, seguida de una conversación, una aparente amistad y una evaluación. Solo cuando el captador considera que el objetivo es rentable, se desencadena la siguiente fase.
Este orden altera la forma de abordar el problema. La pregunta no debe ser únicamente «¿qué intenta venderme?», sino también:
- ¿Por qué me ha elegido a mí?
- ¿Qué información conocía antes de hablar conmigo?
- ¿Qué características le interesan de mi perfil?
- ¿Qué ocurre si rechazo la propuesta?
- ¿Quién obtiene rendimiento económico si acepto?
- ¿La persona que habla conmigo es quien realmente se beneficia?
Los casos documentados demuestran que las consecuencias de la captación abarcan desde pérdidas económicas hasta explotación sexual, extorsión o daños personales irreversibles. No existe un único destino final, pero sí un patrón recurrente: antes de solicitar dinero, alguien ha dedicado tiempo a determinar que eras un objetivo que merecía la pena trabajar.
Cuando esa selección se articula como una actividad organizada, con incentivos económicos y múltiples vías de monetización, dejamos de hablar de un engaño puntual para enfrentarnos a un verdadero mercado de la captación.
Cómo protegerte: el criterio como primera línea de defensa
La respuesta ante este escenario no es desconfiar de todo el mundo ni aislarse de internet. La conexión humana, el apoyo mutuo y la divulgación sobre salud mental u otras realidades personales siguen siendo herramientas necesarias y valiosas. Protegerse no significa vivir a la defensiva, sino incorporar una pausa analítica cuando detectemos que alguien muestra un interés desproporcionado por nuestra vida.
Si te encuentras en una situación donde una persona recién llegada intenta acelerar la confianza, profundizar en tus vulnerabilidades o conducirte hacia una decisión económica o personal crucial, recuerda tres pasos fundamentales:
- Pon distancia temporal: Los captadores suelen apoyarse en la urgencia emocional o en la falsa exclusividad. Date tiempo antes de tomar decisiones o compartir datos íntimos.
- Contrasta fuera de su círculo: Consulta la situación con amigos de confianza, familiares o profesionales de tu entorno habitual. Romper el aislamiento interrumpe la estrategia de manipulación.
- Analiza los incentivos: Pregúntate siempre qué gana esa persona con tu decisión y por qué ha puesto tanto empeño en ti.
Entender cómo funciona la captación es la mejor forma de desmantelarla. Cuando identificas el mecanismo antes de que se ejecute el engaño, dejas de ser un objetivo vulnerable para convertirte en alguien imposible de manipular.
La mejor defensa contra la captación no es el silencio ni la desconfianza ciega, sino recordar que tu vida y tus circunstancias nunca deberían ser el activo financiero de un desconocido.
- INCIBE (2025): «Catfishing: la estafa del amor». Describe la creación de identidades falsas, el contacto inicial, la construcción progresiva de relaciones, la manipulación emocional, las solicitudes económicas o de contenido íntimo y la importancia de limitar la información personal disponible públicamente.
- INCIBE (Consultas directas): Información obtenida directamente mediante consulta a INCIBE sobre procesos de captación, evaluación de vulnerabilidades y utilización de información personal disponible públicamente en determinados fraudes. Se identifica expresamente como información obtenida mediante consulta directa y no como una publicación pública de INCIBE.
- Policía Nacional (2 de julio de 2025): Operación contra una red de falsas inversiones. Documenta públicamente estructuras profesionalizadas de captación, obtención de datos de contacto y posterior proceso de seducción y engaño mediante estructuras organizadas.
- Policía Nacional (24 de marzo de 2023): Operación contra una red de extorsión sexual. Documenta públicamente modelos de captación y participación de diferentes personas dentro de la estructura delictiva, incluyendo mecanismos relacionados con el dinero obtenido.
- Policía Nacional (13 de junio 2024): Operación contra una red de explotación sexual. Documenta públicamente la captación de mujeres mediante redes sociales y el establecimiento progresivo de vínculos de confianza antes de la explotación.
- YouTube (Documentación oficial): Cómo funcionan las recomendaciones de YouTube. La plataforma explica que sus recomendaciones utilizan señales como el historial de reproducciones, las búsquedas, las suscripciones, los «Me gusta», las interacciones y otros indicadores de los intereses del usuario para personalizar el contenido mostrado.
- TikTok (Documentación oficial): Cómo recomienda TikTok el contenido. La documentación oficial explica que el feed «Para ti» utiliza, entre otros factores, las interacciones del usuario, los vídeos vistos, los «Me gusta», comentarios, contenido compartido, hashtags, sonidos y otros datos para personalizar las recomendaciones.
- RTVE: «El Trastorno Límite de la Personalidad, en La cámara de Gesell». Fuente contextual para la descripción general del TLP, sus características y algunas de las dificultades relacionadas con la regulación emocional, las relaciones interpersonales, la impulsividad y el sentimiento de vacío. No se utiliza como evidencia de que las personas con TLP sean objetivos específicos de los estafadores.
- RTVE: «¿Qué debo hacer si sufro Trastorno Límite de la Personalidad?». Fuente complementaria para contextualizar el TLP y sus características clínicas, sin utilizarla para establecer una relación causal entre el trastorno y la victimización por fraude.
- Víctimas anónimas entrevistadas: Testimonios, documentación y material de contraste facilitados a Llunara por personas afectadas y/o por personas de su entorno, utilizados con autorización para la investigación y redacción de los casos. Los nombres y otros datos identificativos han sido omitidos para proteger su privacidad.
- Documentación propia de investigación: Entrevistas, documentación de casos, material de contraste y comunicaciones recopiladas durante la investigación para la elaboración de este artículo.
Nota metodológica: Este artículo combina literatura y documentación pública sobre fraude y captación digital con información obtenida durante una investigación propia. Las referencias a catfishing, construcción progresiva de relaciones, manipulación emocional, protección de información personal y prevención se han contrastado con materiales publicados por INCIBE.
Para determinadas cuestiones específicas relacionadas con la selección de perfiles vulnerables y los mecanismos observados en investigaciones recientes se realizaron consultas directas a profesionales especializados, incluido INCIBE. Cuando una información procede de estas consultas y no de una publicación pública, se identifica expresamente como información obtenida mediante consulta y no como una afirmación pública atribuida a un organismo.
Los casos descritos como Víctima 1, Víctima 2 y otros testimonios proceden de personas entrevistadas para esta investigación y de documentación facilitada a Llunara. Se han omitido nombres, perfiles y datos que permitan su identificación. Las personas y familiares que han aportado su testimonio han autorizado la utilización de sus casos de forma anonimizada.
La existencia de un caso individual no se utiliza para afirmar que todas las personas pertenecientes a un determinado grupo tengan el mismo nivel de riesgo. Tampoco se afirma que el TLP, el consumo de sustancias, una discapacidad o una determinada creencia conviertan por sí mismos a alguien en una víctima. El objeto del análisis es la utilización que determinados captadores pueden hacer de información que identifica características que consideran útiles para seleccionar objetivos.
En el caso de los programas de afiliación o comisiones, la existencia de un sistema de remuneración no se presenta como evidencia de fraude. El análisis se centra en la posibilidad de que terceros utilicen mecanismos comerciales legítimos como infraestructura para captar personas mediante criterios propios.
