«Blocus» no era una organización: el nombre procede de un error de comprensión del material francés utilizado por los estafadores de la India para atraer usuarios a grupos de mensajería para obtener sus datos personales

Antes de entrar en el contenido de esta investigación, queremos explicar qué información hemos entregado a las autoridades y en qué condiciones hemos intentado colaborar con ellas.
Hemos facilitado a la Guardia Civil dos conjuntos diferenciados de información.
El primero corresponde a una sola persona, a la que hemos identificado como responsable de las cuentas originales relacionadas con esta investigación y vinculada a la actividad fraudulenta que hemos documentado. La documentación entregada incluye su nombre y apellidos, coordenadas geográficas exactas de localización, nombre de usuario, perfiles en redes sociales, el edificio donde trabaja, su cargo, imágenes de su rostro y elementos que permiten establecer su identidad.
Esta identificación no se basa en una simple coincidencia ni en una inferencia aislada de nuestro equipo. Se apoya en información compartida por la propia persona y en el trabajo de contraste realizado con la ayuda de un equipo especializado en este tipo de estafas digitales. Los elementos que sustentan esta línea de investigación se han puesto a disposición de la Guardia Civil para que puedan ser comprobados por las autoridades.
El segundo conjunto permanecerá confidencial por el momento ya que no tenemos autorización para compartir su contenido.
También hemos intentado trasladar esta información a los Mossos d’Esquadra. Hasta el momento de cerrar este artículo, no hemos encontrado un canal público adecuado para remitirles el conjunto de pruebas y datos, ni hemos recibido una respuesta que nos permita solucionar este problema. Consideramos que esta dificultad merece una explicación, especialmente cuando se trata de información digital que puede resultar relevante para identificar a quienes crearon las cuentas y esclarecer el origen de las convocatorias.
Lo que presentamos a continuación es el resultado de una investigación propia, realizada con la ayuda de especialistas en fraudes digitales y basada en materiales recopilados antes, durante y después de los acontecimientos. Diferenciaremos los hallazgos que hemos documentado de las hipótesis que deben verificar las autoridades. Nuestro objetivo no es sustituir una investigación policial, sino aportar una reconstrucción que permita entender por qué la explicación política que se ha difundido públicamente puede ser incompleta.
1. El origen: los primeros carteles aparecieron en Francia
A principios de octubre localizamos un perfil que publicaba carteles que imitaban convocatorias de manifestaciones en Francia, siendo estas manifestaciones falsas. Junto a ese perfil aparecieron otras cuentas que reproducían los mismos materiales, con cambios en los diseños, las fechas o las ubicaciones, y que dirigían a los usuarios hacia grupos de Discord, Telegram o WhatsApp.
El elemento que nos llamó la atención fue la combinación de varios factores: la utilización de cuentas satélite, la distribución de enlaces hacia grupos privados y el interés por conseguir que los usuarios se incorporasen a esos espacios.
Al examinar la secuencia de publicaciones, encontramos indicios compatibles con una operación de captación de datos personales. La hipótesis central de nuestra investigación es que la finalidad inicial de la cuenta original no era organizar una manifestación política real, sino atraer a jóvenes hacia grupos de mensajería para obtener información que pudiera utilizarse posteriormente en actividades fraudulentas.
Los datos personales que pueden obtenerse en estos espacios incluyen nombres de usuario, números de teléfono, perfiles de redes sociales y otros elementos que permiten identificar o contactar con las personas captadas. Esa información puede utilizarse después para construir campañas de engaño, suplantar servicios legítimos o realizar intentos de extorsión.
Esta clase de fraude no requiere que la víctima facilite voluntariamente todos sus datos en un único formulario. A veces basta con conseguir que entre en un grupo, interactúe con un bot, siga un enlace o responda a una supuesta verificación para que los responsables puedan continuar el engaño por otros medios.
Durante nuestra investigación hemos documentado indicios de intentos de suplantación de servicios de mensajería y de autoridades, así como episodios de fraude que hemos incorporado a la información entregada a las autoridades. También hemos recopilado referencias a jóvenes y familiares que habrían sufrido estafas relacionadas con estas prácticas. No publicamos sus datos porque el objetivo es proteger a posibles víctimas y facilitar el esclarecimiento de los hechos.
La finalidad fraudulenta es la pieza que permite explicar por qué se crearon tantas cuentas similares y por qué se insistía en llevar a los usuarios desde publicaciones abiertas hasta grupos privados. Sin embargo, para establecer la responsabilidad penal de cada persona es necesario comprobar la relación entre las cuentas, los mensajes y los episodios concretos de fraude.
La ingeniería inversa de los carteles: la huella de una generación sintética por IA
El análisis forense de los soportes visuales utilizados en las convocatorias revela indicios determinantes sobre la naturaleza artificial de las publicaciones. Al someter los materiales a pruebas de ingeniería inversa para reconstruir el contexto de su generación, se constata que las piezas no respondían a una planificación estratégica real ni a una organización política estructurada, sino a la ejecución torpe de herramientas de Inteligencia Artificial desprovistas de contexto local.
La comparativa entre distintas fechas ilustra esta disfunción con claridad. Mientras que para la convocatoria del 24 de octubre la herramienta generó una estética de altercado, al replicar el ejercicio para el 31 de octubre (haciendo coincidir la fecha con la festividad de Halloween) la IA interpretó erróneamente el encargo como un evento lúdico o una fiesta de disfraces para niños y no como una movilización política.
Esta desconexión contextual se materializa en elementos visuales y textuales delatadores que evidencian el sesgo sintético del material:
- Estética de atrezo festivo e iconografía de ficción: Los carteles incorporan de forma incongruente elementos como antifaces y la icónica máscara de Guy Fawkes (V de Vendetta), más propios del imaginario del ocio nocturno o de la cultura pop digital que de una organización estudiantil o sindical convencional.
- Incongruencias logísticas y temporales: Se imparten directrices de carácter infantil o descontextualizadas para una protesta formal, tales como la invitación explícita de «avisar a vuestros amigos» o la instrucción genérica de «traer todo lo que podáis (cartulinas, pinturas, etc.)» en lugar de pancartas corporativas. Del mismo modo, convocar bloqueos o protestas masivas en centros estudiantiles en jornadas inhábiles (como los fines de semana) expone la absoluta falta de supervisión humana y de conocimiento del territorio por parte de quién operaba los generadores de imágenes.

Estos fallos demuestran que los carteles no eran la hoja de ruta de un colectivo movilizado, sino cebos visuales genéricos generados de manera automatizada. Su único propósito operativo era captar la atención de usuarios en redes sociales y redirigirlos hacia los canales privados de mensajería, donde posteriormente se consumaría la captación de datos o el aprovechamiento oportunista de los disturbios.
2. La reaparición del perfil y la difusión de la convocatoria española
Según la cronología que hemos reconstruido a partir de los materiales conservados, el perfil original eliminó publicaciones y dejó de estar activo durante un periodo. Posteriormente reapareció el 17 de octubre y comenzó a publicar nuevo contenido a partir del día 18.
La sucesión de publicaciones, los horarios y la relación entre los perfiles constituyen indicios relevantes para identificar quién gestionaba las cuentas. Las horas en que se publicaron determinados materiales coinciden con los horarios laborales habituales del edificio de India en el que hemos situado al operador. Esta coincidencia horaria es un elemento complementario, no la única base de la identificación.
La documentación que hemos remitido a la Guardia Civil incluye información que permite identificar a una sola persona vinculada a esta actividad: nombre y apellidos, localización geográfica exacta, perfiles sociales, edificio y cargo laboral, así como imágenes del rostro. Como hemos explicado, la identificación se apoya en información compartida por la propia persona y en el trabajo de contraste efectuado con ayuda de un equipo especializado en este tipo de estafas.
La información recopilada apunta a que esta persona se encontraba en India y desarrollaba actividad en un entorno de call center relacionado con este tipo de operaciones fraudulentas. Hemos facilitado los elementos pertinentes a las autoridades para que puedan verificar tanto la identidad como la naturaleza de la actividad.
No vamos a reproducir en este artículo las coordenadas exactas, el edificio, el cargo ni las imágenes de esa persona. Esos datos ya se han entregado a la Guardia Civil. Publicarlos no añadiría valor a la explicación del método y podría perjudicar la comprobación de los hechos.
Lo que interesa destacar es el cambio de escenario. Después de la actividad relacionada con Francia, reaparecieron cuentas que difundían materiales similares, esta vez orientados a España. Los carteles volvieron a utilizar la apariencia de una convocatoria juvenil y se acompañaron de enlaces hacia grupos privados.
La secuencia es compatible con una reutilización del mismo método de captación en otro país. Pero no es necesario que exista una organización política transnacional para que una operación digital utilice un reclamo de actualidad y lo adapte a distintos lugares: basta con copiar el material, modificarlo y dirigir a los usuarios hacia los enlaces que interesan a quienes controlan las cuentas.
3. Las convocatorias falsas y el negocio de los datos personales
Desde hace años, las redes fraudulentas utilizan acontecimientos virales y preocupaciones cotidianas para atraer a posibles víctimas. Entre los reclamos habituales figuran las falsas ofertas de trabajo, los supuestos regalos de dinero del Gobierno, los sorteos inexistentes, las ayudas económicas falsas y las promociones que imitan a empresas conocidas.
También se aprovechan de problemas relacionados con aduanas, Correos, entregas de paquetes, redes sociales empresariales o bloqueos de cuentas. Los responsables buscan usuarios que estén esperando un envío, preocupados por una incidencia o interesados en una oferta aparentemente atractiva. A partir de ahí, intentan dirigirlos hacia páginas o grupos que solicitan información, contraseñas, códigos de verificación o datos de contacto.
Las autoridades francesas han advertido de que los grupos criminales utilizan redes sociales y aplicaciones de mensajería para captar a jóvenes, y han descrito otros métodos mediante los que se recluta a personas para actividades delictivas. Puede consultarse, por ejemplo, la información de la Unidad Nacional de Policía Judicial de la Gendarmería francesa, publicada el 7 de octubre de 2026. No se trata de una prueba específica sobre Blocus, sino de un contexto que muestra por qué la captación de jóvenes a través de redes y mensajería merece atención.
En el caso que nos ocupa, nuestra investigación apunta a que el creador de las cuentas utilizó una convocatoria de apariencia política como reclamo para captar usuarios. La finalidad inicial que se desprende de los elementos recopilados no era la organización presencial de una manifestación, sino la obtención de datos personales.
Lo relevante es que, en la documentación que hemos examinado, no hemos encontrado pruebas de una asociación presencial o de un colectivo local que actuase como convocante de la manera que los carteles pretendían sugerir. La supuesta identidad de una plataforma no demuestra que exista una organización real detrás de ella.
A esta secuencia de indicios digitales se suma la constatación práctica obtenida por nuestro propio equipo durante el trabajo de campo. Tras ingresar en uno de los grupos de Telegram vinculados a las convocatorias, pudimos comprobar de primera mano la verdadera naturaleza de estos espacios. Pese a tener configuradas las opciones de privacidad de la cuenta de forma restrictiva (limitando el contacto exclusivamente a los propios contactos y a miembros compartidos de grupos), bastó con transcurrir un breve espacio de tiempo desde la incorporación al canal para recibir un intento directo de phishing automatizado.
El mensaje, remitido por una cuenta ajena a nuestros contactos y gestionada mediante un bot al que nunca nos habíamos suscrito (adoptando una falsa apariencia de soporte oficial de Telegram con un número virtual extranjero), exigía una supuesta «verificación» urgente del número de teléfono bajo la amenaza de eliminar la cuenta en 24 horas. Esta evidencia empírica corrobora que la finalidad última de estas redes no era la movilización social, sino la recolección masiva de datos y la suplantación de identidad de los usuarios que accedían a los grupos.

4. Blocus: una palabra francesa no demuestra la existencia de una organización secreta
Uno de los elementos más llamativos de la convocatoria es el nombre utilizado: «Blocus».
En francés, blocus es una palabra común para referirse a un bloqueo, incluido el bloqueo de centros escolares durante las protestas estudiantiles. La palabra, por sí sola, no identifica una asociación ni demuestra la existencia de una organización política clandestina.
En los materiales franceses de principios de octubre ya se observaba el uso de carteles que imitaban convocatorias estudiantiles y que circulaban por varias redes. La prensa francesa describió el uso de carteles modificados mediante inteligencia artificial en el contexto de esas movilizaciones. Véase el análisis de Le Monde del 2 de octubre de 2026.
En el material que hemos investigado, la palabra Blocus se conserva sin una adaptación que permita identificar una organización española concreta. La hipótesis que consideramos más coherente con los demás indicios es que el operador reutilizó materiales franceses sin comprender plenamente el contexto lingüístico y político de la palabra.
La identificación del responsable no se basa exclusivamente en este detalle. Se apoya en el conjunto de información aportada por la propia persona, la estructura de las cuentas, la cronología y el trabajo de contraste realizado con ayuda de especialistas en estafas digitales.
El uso de una palabra francesa no demuestra que exista una organización secreta, y el desconocimiento de su significado no constituye una prueba de coordinación política.
La prensa ha descrito la existencia de más de veinte perfiles vinculados a la denominación Blocus, pero también ha señalado que no se había establecido públicamente quién controlaba las cuentas ni si todas pertenecían a una misma estructura. Puede consultarse la información publicada por Newtral el 23 de octubre y por Infobae el 25 de octubre.
La existencia de múltiples cuentas puede demostrar una actividad coordinada de difusión. No demuestra, por sí sola, que haya una organización política formal, una dirección unitaria o una operación geopolítica.
5. La segunda fase: los grupos fueron aprovechados por quienes querían saquear
La conclusión principal de nuestra investigación es que debemos separar el objetivo inicial de las cuentas originales del comportamiento de quienes entraron posteriormente en los grupos.
Según los materiales que hemos reconstruido, las cuentas originales se utilizaron para atraer usuarios a espacios de mensajería. Después, determinados participantes comenzaron a emplear esos espacios para compartir mensajes relacionados con el saqueo de comercios y el aprovechamiento de la convocatoria para cometer robos.
Hemos identificado más de cien perfiles relacionados con esos espacios y hemos incorporado a un dossier aquellos para los que disponíamos de números de teléfono y usuarios de redes sociales, junto con la información pública que consideramos relevante. En particular, hemos examinado perfiles cuya incorporación a los grupos se produjo antes de los altercados o durante los días inmediatamente anteriores y cuyas publicaciones o historias parecen mostrar una participación en los saqueos.
La documentación sobre esos perfiles se ha entregado de forma limitada: únicamente números de teléfono y nombres de usuario de Instagram o Snapchat. No hemos facilitado nombres y apellidos, direcciones, coordenadas geográficas ni imágenes faciales de esas personas como parte de ese segundo conjunto ya que la gran mayoría eran menores de edad.
La presencia de un perfil en un grupo no prueba que su titular cometiera un delito. Por esa razón hemos conservado la referencia a las publicaciones e historias públicas que motivaron su inclusión para que las autoridades puedan comprobarlas individualmente. La evaluación final corresponde a la investigación policial y judicial.
En nuestra reconstrucción, la fase de captación de datos y la fase de saqueos no deben confundirse. Una persona puede crear un grupo para conseguir datos personales y otros usuarios pueden aprovecharlo para coordinar robos. También es posible que existan diferencias entre grupos o que algunas conversaciones comenzaran a promover el pillaje antes que otras.
Nuestra hipótesis es que la convocatoria inicial sirvió para atraer personas y que algunos de los participantes utilizaron esos espacios para organizar actos delictivos. La finalidad fraudulenta de las cuentas originales y la finalidad de saqueo de determinados participantes pueden coexistir sin que una pruebe automáticamente la responsabilidad del otro.
6. Qué hemos encontrado en los perfiles vinculados a los grupos
El análisis de los perfiles públicos relacionados con los grupos revela varios patrones de actividad que consideramos relevantes y que hemos comunicado a la Guardia Civil.
En los perfiles que hemos revisado hemos observado interacciones públicas con Alan Barroso y con cuentas vinculadas a PSOE, Sumar, Podemos y otras figuras del espacio político de izquierdas. En la muestra examinada no hemos encontrado interacciones equivalentes con cuentas de Vox. Sí hemos localizado publicaciones y comentarios de varios perfiles que contienen amenazas de muerte dirigidas a Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo.
Estos hallazgos describen la actividad visible en las cuentas analizadas. No demuestran, por sí solos, que una organización política estuviera detrás de los disturbios, que las figuras públicas con las que interactuaban conocieran los planes de los participantes o que existiera coordinación entre ellas.
La distinción es especialmente importante en el caso de Alan Barroso. Que algunos perfiles interactúen con sus publicaciones desde hace tiempo constituye una relación pública de seguimiento y participación en redes. No demuestra que Barroso los conozca personalmente, que haya coordinado acciones con ellos ni que tenga responsabilidad en los saqueos.
El mismo criterio debe aplicarse a todos los sectores políticos. Las declaraciones de un dirigente después de los disturbios, sus críticas al Gobierno o el hecho de que pueda beneficiarse electoralmente de lo ocurrido no prueban que organizara los hechos. Del mismo modo, las interacciones de algunos participantes con políticos o comunicadores de izquierdas no prueban que estos les dieran instrucciones.
La muestra también incluye perfiles que parecen corresponder a menores de edad, algunos de edad muy temprana. Por respeto a su privacidad y para evitar que este artículo se convierta en una herramienta de hostigamiento, no publicaremos sus nombres de usuario, números de teléfono, rostros ni mensajes individuales. Ese material, cuando resulta pertinente, se conserva para las autoridades.
En cuanto al origen de los participantes, nuestra investigación se centra en la actividad pública verificable, la cronología y las publicaciones relacionadas con los hechos. No utilizamos la apariencia física o el origen étnico atribuido a una persona como prueba de su participación en un delito. La responsabilidad debe establecerse a partir de conductas concretas, no de características personales o de la comunidad a la que alguien pueda pertenecer.
Los perfiles que hemos incluido en el dossier son aquellos respecto de los que disponíamos de indicios anteriores o próximos a los altercados. No hemos incorporado indiscriminadamente a quienes se sumaron posteriormente por curiosidad, para comprobar los rumores o con fines periodísticos, porque su presencia tardía no permite establecer que tuvieran relación con la convocatoria original.
7. Las pruebas digitales: conservar la procedencia de los carteles
Uno de los retos de esta investigación es que los mismos carteles circularon por varias plataformas y que cada plataforma puede procesar las imágenes de manera diferente.
En el material recuperado de Discord hemos observado que determinados archivos conservaban el nombre original y datos EXIF, además de disponer de enlaces directos a las imágenes. Esa información puede contribuir a reconstruir la procedencia de los materiales y a comparar versiones de una misma imagen. No significa que Discord conserve siempre todos los metadatos en todos los casos, sino que las muestras concretas que hemos recuperado presentaban esas características.
Cuando una imagen se redistribuye por otras plataformas, puede cambiar de tamaño, comprimirse o perder parte de sus metadatos. Por ello, para analizar el origen de un cartel no basta con comprobar una captura de pantalla: es necesario conservar, cuando sea posible, el archivo tal como se obtuvo, la URL, la publicación que lo contenía, la fecha y el contexto.
En esta investigación hemos prestado atención a la relación entre los archivos, los perfiles que los publicaron y los enlaces hacia los grupos. Esa cadena de procedencia ayuda a distinguir una cuenta que reproduce el material de una cuenta que lo publicó primero, aunque la atribución definitiva requiere otras pruebas.
La inteligencia artificial plantea un reto adicional. Un cartel generado con herramientas de IA no tiene por qué contener un identificador inequívoco que permita saber quién lo creó o cuándo lo hizo. Una imagen puede haber sido generada, editada, recortada y compartida varias veces. Por eso, afirmar que una imagen se generó mediante IA no equivale a identificar a su autor ni a conocer la finalidad con la que fue creada.
El origen del archivo, la cuenta que lo difundió y la persona que administraba esa cuenta son cuestiones distintas. Las autoridades deben poder contrastarlas con los datos técnicos y los registros que proceda solicitar a las plataformas.
8. Una crítica a la respuesta institucional
Nuestra crítica a los Mossos d’Esquadra tiene tres dimensiones.
La falta de un canal claro para aportar información
Hemos intentado facilitarles la documentación que ya hemos remitido a la Guardia Civil, pero no hemos encontrado un canal público apropiado para entregar el conjunto de datos y archivos. Tampoco hemos recibido hasta la fecha una respuesta que nos permita hacerlo. Tras comunicarnos con ellos por vía telefónica han rechazado recibir la información y han dicho que ya lo estaban investigando, incluso tras indicarles expresamente que conocíamos la identidad exacta de la persona involucrada y podíamos demostrarlo.
No estamos pidiendo que acepten nuestras conclusiones sin comprobarlas. Pedimos un procedimiento que permita entregar los elementos relevantes a la unidad investigadora. Cuando una investigación depende de cuentas que pueden desaparecer, mensajes que pueden borrarse y archivos que pueden perder su contexto, resulta importante disponer de una vía de colaboración clara y trazable.
La dificultad práctica no debería convertirse en una barrera para que una persona que dispone de información relevante pueda ponerla a disposición de la policía competente.
No confundir un nombre con una organización acreditada
También consideramos necesario evitar que la denominación Blocus se convierta en una explicación en sí misma.
No hemos visto una prueba pública que permita concluir que ese nombre correspondía a una asociación formal o a una organización política clandestina. Que las cuentas utilicen la misma palabra puede revelar coordinación en la difusión, pero aún hay que identificar quién las controlaba, qué relación existía entre ellas y cuál era su finalidad.
La investigación policial debe aclarar esos extremos, no dar por demostrada una estructura simplemente porque varias cuentas compartan una etiqueta. Y, si la actividad original estaba relacionada con la captación de datos, esa línea debe investigarse con el mismo rigor que las instrucciones para cometer saqueos.
La necesidad de una advertencia preventiva
Por último, consideramos insuficiente que el debate público se concentre exclusivamente en quién convocó los altercados sin explicar los riesgos de los grupos de mensajería desconocidos y las posibles técnicas de captación de datos.
En el material investigado aparecen indicios compatibles con solicitudes de información personal y técnicas de suplantación. Hemos entregado la información pertinente a la Guardia Civil. Creemos que las autoridades deberían valorar una advertencia preventiva a los jóvenes y a sus familias sobre los riesgos de proporcionar datos a administradores desconocidos o de completar supuestas verificaciones mediante enlaces externos.
No podemos afirmar que no se haya realizado ninguna actuación preventiva que no sea pública. Nuestra crítica se refiere a la dificultad que hemos tenido para facilitar la documentación y a la necesidad de que la prevención del fraude forme parte de la respuesta.
9. Cómo desmontar los dos relatos políticos
Los disturbios han generado dos explicaciones enfrentadas. Desde algunos sectores de la izquierda se han presentado como una operación política de la derecha o una maniobra geopolítica. Desde sectores de la derecha, se ha utilizado lo ocurrido para responsabilizar al Gobierno y a la izquierda.
Ambas explicaciones deben someterse al mismo estándar probatorio.
La presencia de carteles generados mediante IA, perfiles anónimos y enlaces a grupos privados justifica investigar posibles campañas de manipulación digital. No demuestra automáticamente una operación geopolítica ni identifica a un partido como responsable. Para sostener una acusación de esa magnitud hacen falta pruebas que conecten a los actores señalados con la planificación o ejecución de los hechos.
La reacción de un dirigente después de los disturbios tampoco demuestra que los haya organizado. Un partido puede utilizar los acontecimientos en su discurso y obtener algún beneficio político sin haber tenido participación en ellos. El beneficio y la responsabilidad son cuestiones distintas.
El razonamiento inverso merece la misma cautela. En nuestra muestra hemos encontrado perfiles que interactúan con figuras de izquierdas, entre ellas Alan Barroso, y mensajes amenazantes contra Abascal y Feijóo. Esa información puede servir para describir el comportamiento público de los perfiles y orientar preguntas de investigación. No demuestra que PSOE, Sumar, Podemos o Barroso organizaran la convocatoria, ni que conocieran los planes de quienes cometieron robos.
Del mismo modo, que algunos participantes sean simpatizantes de una corriente ideológica no convierte a toda esa corriente en responsable de sus actos. Tampoco permite inferir que las políticas de un partido hayan causado de manera directa los delitos cometidos por individuos concretos.
La muestra que hemos examinado no presenta interacciones públicas equivalentes con cuentas de Vox, pero la ausencia de ese tipo de interacción en nuestra revisión no prueba que no exista ninguna conexión distinta. La evidencia digital tiene límites y debe interpretarse dentro de su contexto.
Lo que sí puede afirmarse es que los relatos partidistas no sustituyen a una investigación sobre la procedencia de los carteles, la administración de los grupos y la participación individual en los saqueos.
10. Qué sabemos y qué queda por demostrar
Para evitar confusiones, resumimos los resultados y los límites de nuestra investigación.
Primero: la secuencia digital. Hemos reconstruido una cronología de cuentas y carteles que comienza antes de la convocatoria española, con materiales similares difundidos en Francia y enlaces hacia grupos de mensajería. La documentación se ha conservado y se ha remitido a las autoridades en la medida en que resulta pertinente.
Segundo: la identificación de una persona. Hemos entregado a la Guardia Civil información identificativa completa sobre una sola persona vinculada a las cuentas originales y a la actividad fraudulenta que investigamos. La identificación se apoya en información compartida por esa propia persona y en el trabajo de contraste de un equipo especializado en este tipo de estafas. La persona no se identifica públicamente en este artículo porque la documentación ya está en manos de las autoridades. Solo podemos indicar que se trata de un ciudadano de la India relacionado con estafas telefónicas que opera desde un call center.
Tercero: los perfiles relacionados con los grupos. Hemos entregado un segundo conjunto con números de teléfono y nombres de usuario de Instagram o Snapchat de más de cien perfiles relacionados con los espacios investigados. En esos casos no hemos aportado nombres y apellidos, direcciones, coordenadas ni imágenes faciales. La información se refiere a perfiles incorporados a los grupos antes o durante los días previos a los altercados y cuyas publicaciones e historias públicas consideramos relevantes para comprobar una posible participación.
Cuarto: la finalidad inicial. Nuestra hipótesis, apoyada en el análisis de los materiales y en la colaboración especializada recibida, es que las cuentas originales se utilizaron para captar usuarios y obtener datos personales con fines fraudulentos. La actividad posterior de determinados participantes, incluidos mensajes vinculados al saqueo, debe distinguirse de esa finalidad inicial y comprobarse en cada grupo.
Quinto: la responsabilidad política. No hemos encontrado pruebas que permitan atribuir la organización de los hechos a Alan Barroso, a PSOE, a Sumar, a Podemos, a PP, a Vox o a Israel. Las interacciones públicas, las afinidades ideológicas y las reacciones posteriores no son suficientes para concluir que un actor político organizó los disturbios.
La conclusión central de nuestra investigación es que hay que reconstruir la secuencia completa antes de convertir una hipótesis en una certeza. Quién creó las cuentas, quién administró los grupos, quién intentó obtener datos personales, quién difundió instrucciones de saqueo y quién participó efectivamente en los delitos son preguntas relacionadas, pero no intercambiables.
11. Una advertencia para jóvenes y familias
Las convocatorias que circulan por redes sociales pueden parecer legítimas porque utilizan carteles profesionales, referencias a movimientos conocidos o mensajes que se repiten en muchas cuentas. Esa apariencia no garantiza que exista una organización real detrás.
Recomendamos desconfiar de grupos que solicitan números de teléfono, códigos de verificación, documentación o la apertura de enlaces para confirmar una supuesta asistencia. Tampoco debe confiarse en un administrador desconocido por el simple hecho de que utilice nombres de instituciones, plataformas de mensajería o supuestos movimientos estudiantiles.
Ante una posible estafa, conviene conservar los mensajes originales, las URL, las fechas y los nombres de usuario, y ponerlos en conocimiento de las autoridades. Si hay menores implicados, es especialmente importante no difundir sus datos públicamente ni convertir perfiles privados en objetivos de hostigamiento.
Nuestra investigación parte precisamente de la necesidad de proteger a posibles víctimas de la captación fraudulenta y de permitir que las autoridades determinen qué ocurrió. La colaboración ciudadana debe servir para aportar pruebas, no para sustituir los procedimientos de verificación ni la presunción de inocencia.
12. Conclusión: dos fenómenos distintos detrás de los asaltos de Barcelona
La pregunta central sigue siendo la misma: ¿qué ocurrió realmente entre la publicación de los primeros carteles, la captación de usuarios en grupos privados y los saqueos de Barcelona?
Tras contrastar nuestra investigación con expertos e investigadores independientes especializados en este tipo de fraudes, nuestra reconstrucción apunta a que se produjeron dos fenómenos completamente distintos que terminaron confluyendo en el mismo espacio digital.
Por un lado, encontramos una operación de captación de datos personales. Las cuentas originales difundieron convocatorias aparentemente dirigidas a jóvenes y utilizaron grupos de WhatsApp, Telegram y Discord como punto de entrada. Los indicios recopilados apuntan a que detrás de esta actividad se encontraba una persona situada en India vinculada a actividades fraudulentas, cuyo objetivo era conseguir información de potenciales víctimas para realizar posteriormente diferentes tipos de estafa y suplantación.
Por otro lado, una vez que esos grupos comenzaron a llenarse de usuarios, determinados participantes utilizaron la supuesta convocatoria como una oportunidad para organizar saqueos y robos. En nuestra investigación hemos encontrado perfiles que entraron en los grupos antes de los altercados y cuya actividad pública posterior permite relacionarlos con los hechos. Se trata mayoritariamente de perfiles jóvenes y, dentro de la muestra que hemos podido analizar, encontramos numerosos perfiles de origen magrebí o de segunda generación de familias de origen magrebí, procedentes principalmente del área metropolitana de Barcelona y localidades próximas.
Esto es importante porque una cosa es quién creó la convocatoria y otra completamente diferente quién decidió aprovecharla para cometer delitos.
La convocatoria original no estaba respaldada por una asociación, sindicato, organización estudiantil o colectivo político identificado. Tampoco hemos encontrado evidencias de que existiera una estructura presencial capaz de organizar la supuesta manifestación multitudinaria que algunos participantes esperaban encontrar en Barcelona.
El resultado fue paradójico: una convocatoria creada originalmente para atraer usuarios y obtener sus datos terminó siendo aprovechada por personas que acudieron creyendo que detrás existía una movilización mucho mayor y que utilizaron ese contexto para saquear y robar comercios.
Es esta circunstancia la que permite explicar una parte fundamental de lo ocurrido. Si quienes difundieron inicialmente los carteles no estaban organizando realmente una manifestación, no existía ninguna infraestructura de movilización detrás de ellos. Los participantes que acudieron a Barcelona se encontraron, por tanto, con una situación muy diferente de la que esperaban.
En lugar de una gran movilización estudiantil organizada, terminó concentrándose un grupo reducido de personas, aproximadamente 450 según las cifras que hemos podido contrastar públicamente, en un contexto en el que una parte significativa de quienes participaron había acudido con la intención de aprovechar la situación para cometer robos y saqueos. El hecho de que casi un tercio de los participantes (128) acabaran detenidos y que no llegara a producirse la manifestación multitudinaria que sugerían los carteles resulta coherente con esta reconstrucción.
Esto no significa que podamos afirmar que todas las personas que acudieron tuvieran exactamente la misma intención. La responsabilidad debe determinarse individualmente. Pero sí permite entender por qué una convocatoria que aparentaba tener una capacidad de movilización enorme terminó desembocando en un grupo relativamente pequeño de personas y en una sucesión de delitos, en lugar de en una manifestación política convencional.
También permite entender por qué el nombre «Blocus» ha generado tanta confusión.
No hemos encontrado pruebas de que Blocus sea una organización política existente detrás de los acontecimientos de Barcelona. La palabra procede de los materiales franceses utilizados como referencia y, en los carteles españoles, quedó sin traducir. Nuestra investigación apunta a que la persona que reutilizó esos materiales no comprendía correctamente el francés ni el contexto original de las convocatorias y trató la palabra como si fuera un nombre propio, una denominación o una consigna.
Convertir posteriormente ese error lingüístico en el nombre de una supuesta organización clandestina introduce una premisa que las pruebas disponibles no necesitan.
Lo ocurrido en Barcelona no necesita una organización secreta llamada «Blocus» para ser explicado. Puede ser el resultado de dos dinámicas independientes que terminaron encontrándose en el mismo lugar: una operación de captación fraudulenta de datos y un grupo de personas que decidió aprovechar una convocatoria falsa para cometer delitos.
Esa hipótesis es comprobable. Y precisamente por eso debe investigarse antes de sustituirla por un relato político.
13. Reflexión final: cuando el ruido sustituye a la investigación
A modo de reflexión final, este caso deja en evidencia una peligrosa deriva en el análisis político contemporáneo. Solo una mirada distorsionada por el prejuicio o el tacticismo puede sostener que detrás de un cartel de estas características (fruto de la generación automatizada mediante una herramienta de Inteligencia Artificial) se esconde necesariamente una conspiración milimétrica de la extrema derecha para orquestar saqueos y desestabilizar el orden público.
La realidad técnica que hemos podido reconstruir es mucho más prosaica y, al mismo tiempo, más alarmante. Los materiales analizados apuntan a operadores que no parecen comprender qué es un Blocus, cuáles son sus reivindicaciones o a qué responde el término, limitándose a introducirlo como una denominación dentro de una herramienta de generación de contenido. Ante la falta de contexto, la IA puede interpretar mecánicamente elementos como la fecha: un 31 de octubre activa asociaciones con Halloween y puede producir un cartel que mezcla una supuesta estética de protesta con una fiesta de disfraces, incluyendo disfraces de fantasmas, payasos o princesas, además de elementos como globos, cartulinas, altavoces y llamadas a avisar a los amigos.
El verdadero riesgo al que nos enfrentamos hoy no es la existencia de una superestructura golpista detrás de cada bulo gráfico, sino la banalización y el alarmismo en el análisis de estos fenómenos. Si un operador que ni siquiera comprende el idioma genera mediante IA un cartel caótico a partir de una instrucción mínima y la herramienta lo completa con una estética carnavalesca, existe el peligro real de que posteriormente un analista o un actor político con intereses partidistas interprete ese material como la prueba de una organización clandestina perfectamente estructurada.
Confundir la incompetencia algorítmica, la captación fraudulenta de datos y la utilización posterior de esos materiales por terceros con una maniobra geopolítica perfectamente planificada no es hacer periodismo ni investigación. Es sustituir la comprobación de los hechos por un relato previo y convertir cada elemento ambiguo en una prueba de aquello que ya se quería demostrar.
Y esa forma de proceder tiene una consecuencia especialmente grave: mientras se construyen grandes relatos políticos alrededor de una supuesta organización cuya existencia no se ha demostrado, puede quedar en segundo plano el fenómeno que sí debería preocuparnos: el uso de redes sociales, grupos de mensajería y contenidos generados automáticamente como herramientas para captar usuarios, obtener sus datos personales y ponerlos posteriormente a disposición de redes dedicadas al fraude.
El caso de Barcelona demuestra por qué es necesario separar las distintas fases del fenómeno. Una cosa es quién creó y difundió inicialmente los contenidos; otra, quién entró posteriormente en los grupos; otra, qué conducta desarrollaron determinados participantes; y otra completamente distinta es quién pretende atribuirse políticamente el significado de todo lo ocurrido.
La investigación debería comenzar por esas preguntas y no por la respuesta que resulte más conveniente para un determinado relato político.
Porque cuando una palabra mal traducida se convierte en el nombre de una organización secreta, un cartel generado por IA se convierte en una operación geopolítica y la reacción posterior de un actor político se convierte en prueba de que ese actor organizó los hechos, ya no estamos ante una investigación de lo ocurrido.
Estamos ante la fabricación de una historia a partir de hechos que nunca fueron comprobados.
Agradecemos al equipo de Pierogi, del canal Scammer Payback, la ayuda y el soporte proporcionados. Gracias a su equipo y a sus métodos especializados pudimos localizar a la persona que estaba detrás de la cuenta original desde la que se publicaron los primeros carteles generados con ChatGPT.
Su colaboración ha sido fundamental para avanzar en una investigación que requiere conocimientos técnicos específicos sobre fraudes digitales, rastreo de cuentas y análisis de actividad en redes.
Canal oficial de YouTube: Scammer Payback.
Nota metodológica
Esta investigación del equipo de Llunara combina material digital recopilado directamente, análisis de cronología y relaciones entre cuentas, colaboración especializada en fraude digital y fuentes públicas de contexto. Las fuentes se han empleado con alcances distintos: unas permiten documentar datos oficiales o declaraciones públicas; otras sirven únicamente para contextualizar patrones observados en redes. Ninguna fuente contextual se presenta como confirmación independiente de las conclusiones propias de Llunara.
El equipo ha conservado localmente el material de investigación no publicado, incluyendo, según el caso, las URL y los identificadores de las cuentas y publicaciones, capturas y copias disponibles de contenido público, fechas y horas observadas, enlaces de invitación y referencias a grupos de mensajería, mensajes relevantes, versiones de carteles, archivos de imagen recuperados, nombres originales de archivo y metadatos EXIF presentes en las muestras examinadas. La conservación local no implica que cada elemento, por sí solo, pruebe la identidad de su autor o la finalidad con la que se creó.
También se conserva localmente la documentación relativa a la información entregada a la Guardia Civil, incluidos los dos conjuntos de datos descritos en el artículo, así como los antecedentes de las gestiones realizadas para trasladar información a los Mossos d’Esquadra. Los datos personales, identificadores de perfiles, números de teléfono, coordenadas, imágenes de personas y contenido procedente de espacios privados no se reproducen en este anexo. Las referencias concretas de publicaciones en redes que se han revisado se mantienen en el archivo de investigación y no se enlazan aquí de forma individual, en particular cuando podrían facilitar la identificación o el hostigamiento de menores.
El equipo distingue entre observaciones directas, datos publicados por fuentes identificadas e hipótesis propias. La secuencia de perfiles, publicaciones, enlaces y materiales gráficos se analiza como una cronología de indicios. La atribución de las cuentas originales a una persona situada en India, su presunta vinculación con un entorno de call center y la hipótesis de que la captación inicial perseguía obtener datos personales son conclusiones de la investigación propia basada en material no público y en la colaboración especializada descrita en el artículo; no se presentan como hechos declarados oficialmente ni como conclusiones judiciales.
Del mismo modo, la presencia de un perfil en un grupo, una interacción política, una publicación o una historia no acredita por sí sola que su titular haya cometido un delito. La documentación sobre perfiles que el equipo considera relevante se ha remitido a las autoridades para su comprobación individual. Corresponde a las autoridades policiales y judiciales determinar la autenticidad, atribución, relevancia y responsabilidad individual de cada elemento.
Las observaciones sobre actividad pública en redes se refieren a la muestra examinada y no permiten extrapolar automáticamente sus resultados a todas las personas que participaron en los grupos. Tampoco se utiliza la apariencia física, el origen étnico atribuido o la afinidad ideológica como prueba de participación delictiva. Cualquier descripción de patrones en la muestra debe entenderse como limitada, descriptiva y no causal.
En relación con los datos sobre Barcelona, el comunicado oficial de los Mossos d’Esquadra del 25 de octubre de 2026 confirma 128 detenciones y otros datos del dispositivo, pero no recoge en ese comunicado la cifra de 450 personas identificadas. Esta última cifra aparece en la información de 3CatInfo del mismo día, que atribuye a la comisaria jefa de los Mossos, Sílvia Catà, la referencia a 450 personas identificadas. Por tanto, el artículo no debe atribuir la cifra de 450 al texto del comunicado oficial de los Mossos: son referencias públicas distintas. La relación aritmética entre 128 detenciones y 450 identificaciones no implica que las 450 personas cometieran delitos ni que una detención equivalga a una condena.
Las publicaciones periodísticas citadas se utilizan para documentar lo que esas publicaciones informaron en las fechas indicadas. No sustituyen la verificación de los materiales primarios que conserva el equipo ni constituyen, por sí solas, una confirmación externa de la atribución de las cuentas originales, de la hipótesis de fraude o de la identidad de sus responsables. La información de la Gendarmería francesa se incluye únicamente como contexto general sobre el reclutamiento de jóvenes mediante redes sociales por redes criminales; no constituye prueba específica sobre el caso Blocus.
Fecha de revisión de los enlaces públicos de este anexo: 26 de octubre de 2026.
Fuentes públicas consultadas
- Mossos d’Esquadra — comunicado oficial, 25 de octubre de 2026: «Els Mossos d’Esquadra i la Guàrdia Urbana detenen 128 persones pels aldarulls d’ahir dissabte al centre de Barcelona». Fuente primaria para la cifra oficial de 128 detenciones y los demás datos contenidos en el comunicado. El texto no contiene la cifra de 450 personas identificadas.
- 3CatInfo — 25 de octubre de 2026: «Qui i què hi ha rere els aldarulls a Barcelona: menors d’edat, “violència lúdica” i el paper de TikTok». Recoge declaraciones de la comisaria jefa de los Mossos, Sílvia Catà, e informa de 450 personas identificadas y 128 detenidas.
- Unidad Nacional de Policía Judicial (UNPJ), Gendarmerie nationale, Ministerio del Interior francés — 7 de octubre de 2026: «Cryptorapts : comment les réseaux criminels recrutent des jeunes sur les réseaux sociaux». Fuente institucional de contexto sobre el uso de redes sociales para captar jóvenes por redes criminales.
- Le Monde — 2 de octubre de 2026: «Blocage des lycées : ce que dit le service de renseignement de la Préfecture de police de Paris sur l’origine de la mobilisation». Fuente de contexto sobre la nota de inteligencia de la Prefectura de Policía de París y la difusión de carteles generados por IA.
- Newtral — 23 de octubre de 2026: «Perfiles de TikTok reclutan a jóvenes para replicar en Madrid y Barcelona los disturbios de Francia». Investigación periodística sobre perfiles de TikTok bajo la denominación Blocus y su redirección a grupos.
- Infobae — 25 de octubre de 2026: «Qué es Blocus, la red de perfiles anónimos de TikTok que movilizó a cientos de jóvenes antes de los disturbios de Barcelona». Recopila información pública sobre las cuentas y los grupos privados.
- Scammer Payback — canal público oficial de YouTube: Canal Scammer Payback. Referencia pública del equipo al que Llunara agradece su colaboración en la investigación.
Fuentes primarias y materiales no públicos conservados localmente
- Perfiles y publicaciones en redes sociales: Material consultado directamente en TikTok, Instagram y Snapchat (publicaciones, historias, comentarios, nombres de usuario, identificadores, URL y marcas temporales).
- Grupos y enlaces de mensajería: Material procedente de espacios de Discord, Telegram y WhatsApp examinados (enlaces de acceso, mensajes relevantes y secuencias temporales).
- Carteles e imágenes digitales: Versiones de carteles recuperadas, URL directas, nombres de archivo y metadatos EXIF cuando estaban presentes, junto a capturas y contexto de publicación.
- Análisis de cronología y relaciones entre cuentas: Matriz interna con la secuencia de publicaciones, reutilización de diseños, redirecciones a grupos y correspondencias observadas.
- Publicaciones políticas y actividad pública de perfiles examinados: Publicaciones públicas de figuras políticas, interacciones, comentarios y mensajes amenazantes observados en la muestra.
- Documentación remitida a la Guardia Civil: Material identificativo relativo a una persona vinculada a las cuentas originales y un segundo conjunto limitado a números de teléfono y nombres de usuario.
- Gestiones con los Mossos d’Esquadra: Antecedentes de los intentos de contacto y gestiones para poner la información a disposición de la policía catalana.
- Colaboración especializada en investigación de fraudes digitales: Contraste realizado con investigadores especializados, incluida la colaboración con el equipo de Pierogi, de Scammer Payback.
Alcance y límites de las fuentes
Las fuentes públicas documentan declaraciones, cifras y contexto publicados por las entidades o medios enlazados. Los hallazgos sobre la persona que habría administrado las cuentas, la finalidad de captación de datos, la relación con el fraude y la participación individual en los saqueos proceden del análisis propio de Llunara y material no público, presentándose como conclusiones provisionales o hipótesis sujetas a comprobación judicial.
Las cifras de 450 identificados y 128 detenidos corresponden a categorías distintas. La cifra de 450 se recoge en 3CatInfo de declaraciones de la comisaria jefa de los Mossos; la de 128 consta en el comunicado oficial del 25 de octubre de 2026. Su comparación es descriptiva y aritmética, no una declaración de culpabilidad colectiva.
